Con preocupación he leído que en
la nueva mayoría existe la intención de modificar el voto voluntario. Los
medios de comunicación han informado que desde hace un tiempo algunos Senadores
han estado promoviendo esta idea, y han ido encontrando eco en algunos
parlamentarios de la oposición.
Desde unos años muchas personas
participamos en el movimiento por la inscripción automática y el voto
voluntario (IAVV). Después de años, el ejecutivo y los legisladores se
convencieron por dar este significativo paso, y hoy es ley. Sin embargo, a
algunos no les gusta, y enarbolan la vieja frase que hay derechos y deberes, y
votar es un deber. El voto voluntario supone algunas cosas importantes que
entrego con ánimo de enriquecer el debate:
1. Existe en muchos países. En
América votan voluntariamente Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados
Unidos; en Europa, España, Reino Unido, Francia, Noruega, Ucrania. En Asia,
Japón, Rusia, etc. No es necesario enumerarlos todos, pero ejemplos hay varios.
¿Es la democracia más solida porque el sufragio es obligatorio? No lo creo, o
al menos hay que discutirlo.
2. El voto voluntario no ha sido
una debacle. Si analizamos las cifras del SERVEL sobre elecciones de diputados
del 2013 (Corporación que tiene mala percepción de los ciudadanos según las
mediciones), hubo 6.220.222 votos válidamente emitidos; en las elecciones de
diputados del 2009, hubo 6.615.856 de votos válidamente emitidos. Si vamos más
atrás, el 2001, hubo 6.144.003 votos. Hay que aclarar que había antes un padrón
electoral de aproximadamente 8 millones de inscritos, pero el cambio con
votación voluntaria en cuanto a votos válidamente emitidos no ha sido dramático.
Aún más, el 2001 hubo menos votos que el 2013, con obligatoriedad.
Creo que este análisis es más
correcto que otros que miran los votos validos sobre el padrón, sobre todo
porque el actual padrón, según cifras del SERVEL, es de 13.500.000
aproximadamente (aumento por la inscripción automática), y si se fracciona votantes
por el padrón, se presenta una calamidad de participación. En análisis correcto
es la evolución histórica, donde el voto voluntario no ha sido un desastre en
cuanto a participación según datos del SERVEL. Respecto de la elección de
Senadores, -los promotores de la idea de ir al voto obligatorio-, en el 2013,
los votos válidamente emitidos fueron 4.509.114 (regiones pares y metropolitana);
el 2001, fueron 4.770.981. Pero en 1997, hubo menos votos y había
obligatoriedad: 4.239.366.
Luego, no ha habido un efecto dramático sobre los votos válidamente
emitidos si analizamos la evolución histórica de los mismos.
3. Obliga a mejorar la “oferta” política. Y este
es un punto fundamental. Y este es un tema interesante. Sobre los potenciales
13 millones y medio de votantes en Chile, hubiese candidatos más atractivos,
probablemente la cifra de abstención supere con creces el 50%. La abstención es
lo que hay que analizar, que quiere decir, que está señalando. Combatirla con
obligatoriedad es un craso error. Aumentar la participación es tarea de todos,
pero no hay que equivocar la estrategia.
